LA EXTRAÑA VIDA DEL BARBERO – DIPLOMÁTICO

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La Extraña vida del Barbero – Diplomático

Fotografía de Derbis Campos

Síntesis tomada del catálogo GALLO, auspiciado por Art Brut Project.

Héctor Gallo Portieles, nace en Campo Florido el 17 de Mayo de 1924, sexto y último hijo de una familia bien numerosa. Su madre Rosa, una mujer de mucho carácter y su padre Antonio, compañero de exilio de Héroe de la independencia José Martí.

Desde muy joven a la edad de 12 años, Gallo tiene que comenzar a trabajar para ayudar al sustento de su familia, como no hay muchas ofertas de empleo para la fecha, su hermano lo lleva a una barbería y es acá donde comienza sus primeros conocimientos del oficio.

Exitoso como barbero, su negocio comienza a ser punto de encuentro para revolucionarios con ideas socialistas de la zona. En 1946 contrae nupcias con su gran amor la Sra. María Emilia, de esa unión nacen sus tres hijos Rosi, Lili y José.

En vísperas de la Revolución, y siendo aún barbero, entra de lleno en la lucha clandestina. Propaganda, agitación, paro… ¡los rebeldes triunfan el 1ero de enero de 1959!

Después de toda la efervescencia revolucionaria y mientras va retomando sus actividades como “Fígaro” de barrio, Gallo es inesperadamente convocado por los altos mandos. La orden es clara: “Desde ahora ya no eres más barbero sino diplomático” Y de nuevo su vida da un vuelco. Lo envían a Paraguay oficialmente como representante comercial, pero en realidad es un agente encubierto al servicio de la revolución. Pasan algunos meses hasta que en Costa Rica, logran obtener información clave: es en Bahía de Cochinos por donde llegarán los anti-castristas gracias al apoyo estadounidense. De esta manera, Héctor Gallo Portieles, humilde barbero y “semi analfabeto”, como el mismo se describe, termina recorriendo el mundo y viajando a más de 20 países. Al principio de los años ochenta mientras es embajador en Camboya, se gradúa periodista; para esa fecha tiene 58 años, alternando su labor diplomática con el trabajo de conferencista y escritor.

Sin embargo, ya durante su retiro y en medio del doloroso “Período Especial” empieza una nueva tormenta; a su alrededor, el sueño socialista se desploma. Ya al final de su vida, solamente cuenta con una pensión que le da apenas para comer, resuelve cambiar un apartamento grande y cómodo en el Vedado, por una planta baja en las afueras de la Habana. A los 65 años, desesperado no espera mucho más de la vida, sin embargo y sin darse cuenta logra renacer entregándose en cuerpo y alma al arte.